No lo hagáis.

Nunca escribáis palabras vacías,

ni os comprometáis por presión,

ni aceptéis por tradición.

 

No hagáis lo que debéis,

si no es lo que queréis.

 

No permitáis que el miedo

os haga prisioneros.

 

Sed únicos, no imitéis.

Sed auténticos, no patrones

que se olvidan de forjarse una identidad.

 

Nunca digáis,

afirméis,

neguéis,

cuestionéis,

o reclaméis, cosas

que no sois capaces de sentir.

 

Nunca pronunciéis un “fuimos”,

cuando el “somos” está tan latente.

No olvidéis, si recordáis,

cada día, un poco más.

 

Cuidad las expectativas,

de quienes aún no os han dado alicientes.

 

Mirad con recelo las líneas,

que un día escribisteis.

Con envidia.

Y deshaceros en elogios,

para quién,

supo darles sentido.

Porque, siendo justos,

que son las palabras

sin contenido,

sin trasfondo,

sin almas,

sin destinatarios,

sin inspiraciones

hechas carne y hueso.

 

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